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Guías

San Andrés en Canarias: vino nuevo, castañas y cacharros

La noche del 29 de noviembre el norte de Tenerife abre las bodegas, prueba el vino nuevo y corre el cacharro. Qué es San Andrés, qué se bebe y dónde vivirlo.

26 de octubre de 2026

Mis primeros recuerdos de San Andrés no tienen vino. Tienen monte. Finales de los 80, la familia subiendo a buscar castañas.

Yo soy del Puerto de la Cruz, así que lo del cacharro lo mamé desde chico. Bajábamos a la plaza del Charco y al muelle a comprarle castañas a la prima de mi padre, que tenía su puesto ahí (y sigue abierto, por cierto), y luego a correr el cacharro por la plaza con las latas atadas a un alambre. Lo que más me impresionaba eran los cacharros que llegaban de toda la ciudad. Unos bichos monstruosos, enormes, que sonaban como si alguien estuviera arrastrando un coche por la calle (alguno, sospecho, llevaba medio coche).

En casa San Andrés siempre se ha celebrado, y siempre igual: pescado salado, batatas y castañas asadas en un asador de barro artesanal. Y mi padre llegando con los garrafones de vino tinto. Ese era el vino nuevo, aunque entonces yo no lo llamara así.

Tengo que confesar una cosa: vino nuevo he probado, pero nunca con la cabeza puesta en él, nunca entendiendo que lo que había en la copa era el estreno de la cosecha. Esta guía va de eso. De qué se celebra exactamente, de por qué hay niños arrastrando chatarra por las calles a finales de noviembre y de qué esperar de ese vino que llega en garrafón.

Plato de castañas asadas con la piel tostada sobre un mantel de cuadros rojos y blancos, junto a un vaso de vino tinto nuevo, la mesa típica de San Andrés en Tenerife.
Mantel de cuadros, castañas recién asadas y un vaso de tinto del año. No hace falta nada más. Foto: Lagenda.

¿Qué se celebra en San Andrés en Canarias?

San Andrés es la fiesta del vino nuevo: la noche del 29 de noviembre, víspera del día del santo, en el norte de Tenerife se abren las bodegas y se prueba por primera vez el vino de la cosecha de ese año, acompañado de castañas asadas y pescado salado.

Donde más fuerte se vive es en el Puerto de la Cruz, en el Valle de La Orotava y en Icod de los Vinos, todo zona de viña de toda la vida del norte de Tenerife. Cada pueblo le pone su ruido: en el Puerto y en La Orotava se corre el cacharro, en Icod se tiran calle abajo en tablas. Pero el fondo es el mismo en todos: se acabó la vendimia, el mosto ya es vino y toca catarlo.

La Palma tiene su versión unas semanas antes, por San Martín. La noche del 10 de noviembre se estrena allí el vino nuevo, también con castañas asadas, y se abren las pipas para probarlo. Dicho palmero incluido: “por San Martín, todo el vino es bueno”. Generosos, los palmeros.

Correr el cacharro: de los toneles al Charco

Correr el cacharro es exactamente lo que suena: juntar latas, ollas viejas, tapas, bañeras si hace falta, atarlo todo a un alambre y arrastrarlo por la calle haciendo el mayor escándalo posible. Lo hacen sobre todo los niños, aunque los padres se apuntan con más ganas de las que admiten.

¿Y por qué? Nadie lo sabe a ciencia cierta, y las leyendas son buenísimas: que si era para espantar a la langosta, que si a las brujas, que si San Andrés era cojo y llegaba tarde a su propia fiesta, que si se quedaba dormido y había que despertarlo a golpe de lata. La explicación que más convence a los investigadores es menos mágica y mucho más vinera. En vísperas de San Andrés, los bodegueros de las medianías bajaban los toneles hasta la costa para limpiarlos con agua de mar antes de meterles el vino nuevo, y los hacían rodar cuesta abajo. El estruendo de las barricas bajando por las calles empedradas es el que los chiquillos acabaron imitando con sus latas.

O sea, que el cacharro es un tonel de pega. Me encanta.

En el Puerto el corazón de todo sigue siendo la plaza del Charco, a dos pasos del muelle viejo, donde se juntan cacharros de todos los barrios. La fiesta vivió su mejor momento a finales de los 70 y en los 80 (mis años de alambre en mano, ahora entiendo por qué los cacharros eran tan bestias) y luego fue decayendo en muchos pueblos. Hoy la sostienen las asociaciones de vecinos, los colegios y el propio ayuntamiento, que llega a repartir cacharros para que nadie se quede sin hacer ruido.

Las tablas de Icod de los Vinos

Icod se lleva el premio a la versión más kamikaze. Allí no se arrastran latas: se tiran ellos. Sobre una tabla de madera engrasada, calle abajo, por las cuestas empedradas del casco histórico, con la calle de El Plano como pendiente estrella. Los más jóvenes bajan a toda velocidad, y cómo frenan es asunto suyo.

La costumbre viene del oficio: noviembre era época de tala y de bajar madera del monte, y las tablas que se usaban para el arrastre acabaron convertidas en trineo. Un trabajo de la Universidad de La Laguna de 2018 le calculaba casi 500 años de historia, y hoy está declarada Fiesta de Interés Turístico Nacional. Con ese nombre de pueblo, era difícil que la fiesta no fuera del vino: el arrastre va de la mano del descorche de la primera botella de la cosecha.

Para 2026, el ayuntamiento ha anunciado el descorche del vino nuevo el viernes 27 de noviembre, el arrastre y el resto de actividades el sábado 28 y la bajada de tablas el domingo 29. Si van a ir, miren el programa oficial antes, que los horarios se mueven.

¿Qué es el vino nuevo y a qué sabe?

El vino nuevo es el vino de la última cosecha, recién terminado de fermentar, sin crianza ni reposo largo: uva vendimiada a finales del verano o principios del otoño que en noviembre ya está lista para beber. En el norte de Tenerife es, sobre todo, tinto de Listán Negro.

No esperen un vino de guarda ni lo pretende. Es un vino joven, de fruta por delante, con la acidez viva y a veces con aristas: algo rústico, un pelín reducido nada más abrirlo, con cosas que una bodega grande pulería y un cosechero deja tal cual. Esa es su gracia. Es la foto de la añada sin retocar. Si el año fue bueno, se nota; si fue malo, también, y nadie se lo esconde.

El Listán Negro joven, además, se bebe fresquito. No helado, pero sí con un rato de nevera, que es como sale a relucir esa fruta roja y ese puntito ahumado tan del norte. (Le dedicamos una guía entera a un tinto con más caras de las que parece, y el vino nuevo es su cara más joven.)

Y aquí va mi segunda confesión: estoy casi seguro de que los garrafones de mi padre eran exactamente esto. Vino de algún cosechero del norte, de la cosecha del año, sin etiqueta y sin pedigrí. El vino de San Andrés de casi todas las casas del Puerto.

El guachinche: donde vive el vino nuevo

Si el vino nuevo tiene casa, es el guachinche. Y no un restaurante con mesas de madera y nombre de guachinche: un guachinche de verdad, que en Canarias está regulado por ley desde 2013 (Decreto 83/2013).

La norma es bastante clara:

  • El vino tiene que ser de cosecha propia. De viñas del titular y hecho por él. Si les ofrecen carta de vinos de otras bodegas, no están en un guachinche.
  • Solo vino y agua. Ni cerveza ni refrescos.
  • Tres platos como mucho, más encurtidos, frutos secos y fruta de la zona.
  • Cuatro meses al año como máximo, y se cierra antes si se acaba el vino.
  • El cartel de la entrada dice “vino de cosecha propia”, con un racimo y una V sobre fondo granate. Esa es la pista oficial. O, si son unos Clandestinos, el cartel escrito a mano al borde de la carretera.

Por eso vino nuevo y guachinche van de la mano: el guachinche abre cuando hay vino que vender y cierra cuando no queda.

Mi plan para este año es justo ese: pescado salado en un guachinche de La Montañeta, con la cabeza puesta por fin en lo que hay en la copa. El nombre me lo guardo, que los buenos guachinches se cuidan en secreto.

Si nunca han pisado uno, en la guía de vinos canarios por dónde empezar les cuento por qué el guachinche es el primer escalón para aprender a beber vino canario.

La mesa de San Andrés: castañas, pescado salado y batata

Lo que acompaña al vino nuevo no es casualidad. Todo es de temporada y todo pide trago.

  • Castañas asadas. Llegan del monte justo en estas fechas y son el olor de la fiesta. En la calle, en cucurucho; en casa, del asador de barro.
  • Pescado salado. Sardinas o cualquier otro pescado conservado en sal, desalado antes de cocinarlo. La sal llama al tinto joven como pocas cosas.
  • Batata y papas arrugadas. Con su costra de sal, haciendo cama a todo lo demás.

Es una mesa de pobre y de lujo a la vez: tres o cuatro cosas, todas de aquí, todas en su momento. Al vino nuevo le va al pelo porque ni la castaña ni la batata le exigen nada, y la sal del pescado le saca la fruta.

Cómo vivir San Andrés (aunque no estén en Tenerife)

Si están en el norte de Tenerife:

  1. Puerto de la Cruz, la noche del 29 de noviembre. Plaza del Charco, cacharros de todos los barrios y puestos de castañas asadas por todos lados. Alguno lleva décadas en el mismo sitio.
  2. Icod de los Vinos, del 27 al 29 de noviembre. Descorche, tablas por El Plano y vino nuevo en el casco. Es la zona de la DO Ycoden-Daute-Isora, que repasamos en la guía de vinos de Tenerife por valles y altitudes.
  3. La Orotava. Barrios como Los Cuartos-San Andrés mantienen el cacharro vivo, y el valle tiene viña para dar y regalar.
  4. Un guachinche, cualquier día de esas semanas. Busquen el cartel escrito a mano al borde de la carretera.

Si están en La Palma: adelanten la cita al 10 y 11 de noviembre, por San Martín.

Si están fuera de Canarias: también se puede. Busquen un Listán Negro joven del norte de Tenerife, cuanto menos pretencioso mejor, enfríenlo un rato y pónganlo con castañas asadas y una lata de sardinas. Si quieren abrir algo del norte con más recorrido, el Olivia de Burgmann es un listán blanco de Tacoronte que aguanta esa mesa sin despeinarse. Ruido opcional, pero recomendado.

Ponla a prueba descorchando una de estas