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Botellas ·

Mirando al Sur 2020: la Viura de Olivier Rivière que se cría en botas de Jerez

Viura de cepas de 75 años en Labastida, criada en dos botas de fino y amontillado. Olivier Rivière firma un blanco de Rioja salino, almendrado y larguísimo.

El otro día montamos un BYOB (trae tu propia botella, para quien no lo tenga fichado) y el tiempo estaba justo para un blanco: sol, mesa en la calle y ganas de algo fresquito que tuviera algo que contar. Ahí apareció este Mirando al Sur 2020, de Olivier Rivière.

Acabamos la comida con cinco botellas vacías (sí, para una comida). Y de las cinco, esta fue la que dejó la huella más larga.

Botella de Mirando al Sur 2020, blanco de Viura de Olivier Rivière con DOCa Rioja, con su etiqueta gris de grecas y letras negras, en una mesa de terraza al sol junto a un plato y una taza de café.
Dos botas de 600 litros dan para unas 1.600 botellas. Una de ellas acabó en nuestra mesa, al sol.

Olivier Rivière, un francés de Cognac haciendo Rioja

Rivière se crio entre viñas de Cognac, estudió enología en Saint-Émilion y aprendió el oficio en sitios de los que imponen, Domaine Leroy entre ellos (una de las casas más veneradas de Borgoña). En 2004 Telmo Rodríguez lo trajo a Rioja para pasar sus viñedos a biodinámica. Iba a ser algo puntual. Más de veinte años después sigue aquí, y lo entiendo perfectamente.

En 2006 montó su propio proyecto sin tener ni una viña en propiedad, comprando y alquilando parcelas viejas que nadie miraba. Hoy Olivier Rivière firma vinos como Ganko o Rayos Uva, y es uno de esos nombres que hacen mirar a Rioja como una tierra de pueblos y de parajes, no solo de crianzas y reservas.

Viura de 75 años y dos botas de Jerez: fino y amontillado

El Mirando al Sur sale de las cepas más viejas de Viura que trabaja Rivière, con más de 75 años, en las laderas de Labastida (Rioja Alavesa), a unos 500 metros y sobre arcilla y caliza. Vendimia a mano, prensado de racimo entero y fermentación con sus propias levaduras en fudre.

Y aquí viene el twist. Tras seis meses en fudre, el vino pasa un año en dos botas de 600 litros que antes tuvieron jerez: una de fino y otra de amontillado. De ahí el nombre. Un blanco riojano con la vista puesta en el sur, tomándole prestada una página al libro de Jerez. (Y dos botas no dan para mucho: hagan la cuenta.)

No es el único que juega a esto. CVNE recuperó con el Monopole Blanco Seco Reserva la vieja receta de Viura con su chorrito de manzanilla, y en Tenerife Juan Francisco Fariña cría La Bota de Mateo en una bota vieja de manzanilla. Pero este es el que más alto ha llegado con la crítica: 95 puntos de James Suckling y 93 de Luis Gutiérrez en Wine Advocate. Gutiérrez apunta algo que me encanta, que cada añada sale “más Rioja y menos Jerez”. La bota pone el acento; quien habla es la viña.

La cata: sal, almendra y un final que no se va

Lo primero que te encuentras es esa nota salina y almendrada. No la esperas en un blanco de Rioja, y engancha: es como el platito de almendras saladas que te ponen con el fino en cualquier barra del sur, pero metido dentro de la copa. Esa es la bota. Por detrás asoman la piel de manzana, un punto de almendra amarga y un fondo calizo muy marcado, y eso ya es Labastida.

En boca es fresquísimo, cosa que tiene mérito en un vino con año y medio de crianza encima. Luego llega la textura: untuoso, con peso, de los que llenan la boca sin hacerse pesados. Y largo. Tan largo que, con otras cuatro botellas compitiendo en la mesa, era el que seguía ahí cuando las demás ya se habían ido.

¿Con qué beber el Mirando al Sur?

Con cosas saladas y con grasa: jamón, almendras fritas, pescado a la brasa, marisco o un queso curado. La acidez limpia y la nota de bota hace de puente con todo lo que sabe a mar o a curación. Si lo que tienen delante es una tabla de quesos, en la guía de vinos con quesos ya les contaba que un fino con un curado es de otro planeta. Esto es lo más cerca que vas a estar de eso con un blanco tranquilo.

Eso sí, no es un blanco de diario, ni por precio ni por intención. Es para la comida en la que quieres que alguien levante la copa y pregunte qué estamos bebiendo.

Cinco botellas en la mesa. Una sola huella.

El veredicto

Un blanco de Rioja que vale cada euro.